Por Ilegal Press Books
La puerta cede después de décadas sin abrirse.
El aire es más frío. El polvo permanece inmóvil hasta que una linterna rompe la oscuridad. Hay muebles cubiertos por una fina capa de tiempo, fotografías familiares que nadie volvió a recoger y un calendario detenido en un año que dejó de importar hace mucho. En algún rincón todavía descansa una taza sobre una mesa, como si alguien hubiera salido un momento con la intención de regresar.
Nunca regresó.
Para la mayoría, estos edificios son ruinas. Para los creadores de Capital Memories, son archivos de una memoria suspendida.
En una Cuba donde el abandono ha terminado por integrarse al paisaje cotidiano, este proyecto ha decidido mirar precisamente aquello que casi todos dejan de mirar. Mientras las cámaras suelen detenerse en las fachadas desconchadas de La Habana Vieja o en la estética romántica de la decadencia, ellos cruzan puertas cerradas desde hace décadas para documentar lo que permanece intacto: los objetos, los silencios y las huellas invisibles de quienes alguna vez llamaron hogar a esos lugares.
"La mayoría de esos espacios están a la vista de todos, pero son ignorados. Hemos normalizado caminar entre derrumbes sin detenernos a mirarlos. Nosotros pensamos en lo que un día fueron y queremos retratar esa nostalgia", cuentan.
Su trabajo comienza donde termina el de muchos fotógrafos urbanos.
No buscan únicamente edificios abandonados. Buscan tiempo.
Fotografiar aquello que ya no puede contarse
Existe una diferencia entre registrar una ruina y documentar una memoria.
Una ruina puede fotografiarse en pocos minutos. Una memoria exige comprender por qué una silla permanece junto a una ventana, por qué un retrato sigue colgado en una pared o por qué un juguete continúa sobre el suelo años después de que el último habitante abandonara el edificio.
"Entramos a lugares abandonados que todavía conservan objetos de su pasado. Fotografiar lo que permanece intacto es fotografiar una memoria."
Esa búsqueda resulta cada vez más difícil.
Los edificios accesibles suelen ser los primeros en sufrir saqueos y vandalismo. Cada objeto robado elimina una pieza del relato. Cada habitación vaciada convierte la historia en un espacio anónimo.
Por eso, antes incluso de buscar una fotografía, observan la arquitectura.
Las molduras, las escaleras, las puertas y las columnas ofrecen las primeras pistas sobre la época en que fue construido el inmueble. Después llegan los detalles capaces de devolverle identidad al lugar: una biblioteca, una máquina de escribir, un vestido olvidado o una vajilla que nadie volvió a utilizar.
Un diario interrumpido
Entre todos los hallazgos de Capital Memories, ninguno resume mejor el sentido del proyecto que un cuaderno encontrado dentro de un apartamento abandonado.
Era el diario de una joven.
En sus primeras páginas describía una vida aparentemente tranquila. Más adelante comenzaron a aparecer anotaciones sobre los rumores que recorrían el edificio: grietas cada vez mayores, informes técnicos, el temor constante de que la estructura no resistiera mucho más tiempo.
Después, el diario terminaba.
No había despedida.
No había una última página.
Solo silencio.
"Suponemos que por eso quedó dentro del apartamento. Muchas personas tuvieron que abandonar su hogar de manera repentina por esa causa, incluido uno de nosotros."
La frase transforma el proyecto.
Porque Capital Memories no observa el abandono desde la distancia. También lo ha vivido.
Más allá de la estética de la ruina
Durante años, la fotografía sobre Cuba ha convertido el deterioro arquitectónico en una imagen casi predecible: fachadas coloniales cubiertas por vegetación, balcones a punto de desplomarse y edificios consumidos por el tiempo.
Capital Memories intenta escapar de esa narrativa.
"Cuba posee una enorme diversidad de estilos arquitectónicos y, por tanto, también una gran diversidad de ruinas. Basta recorrer nuestro archivo para descubrir lugares que casi nadie imagina que existen."
No buscan la ruina espectacular.
Buscan la historia escondida.
Y eso también implica establecer límites.
Hay fotografías que nunca publican.
Objetos demasiado personales.
Cartas.
Documentos.
Imágenes familiares.
"Cuando encontramos elementos muy personales, creemos que lo mejor es dejarlos donde están."
En una época donde todo parece destinado a convertirse en contenido, esa decisión constituye una forma de respeto.
Un archivo para cuando ya no quede nadie
La pregunta que atraviesa todo el proyecto es sencilla y, al mismo tiempo, profundamente inquietante.
¿Qué ocurre cuando desaparecen quienes recuerdan un lugar?
Para los integrantes de Capital Memories, la memoria no sobrevive por sí sola. Necesita testigos. Cuando esos testigos desaparecen, la fotografía puede convertirse en el último puente entre el presente y el pasado.
"El registro visual permite conservar una parte de esa historia y acercar a las futuras generaciones a lo que esos lugares fueron."
Quizá por eso su trabajo termina pareciéndose menos a la fotografía de exploración urbana y más a la arqueología contemporánea.
Cada imagen rescata un fragmento de un país que continúa desapareciendo, no solo físicamente, sino también de la memoria colectiva.
Antes de que caiga el último muro
Al preguntarles qué esperan que alguien comprenda dentro de cien años si solo sobreviviera el archivo de Capital Memories, la respuesta no gira alrededor de la fotografía.
Hablan de arquitectura.
De historia.
Del valor patrimonial de edificios que hoy permanecen cerrados, olvidados o condenados al derrumbe.
Pero, sobre todo, hablan de personas.
Porque detrás de cada puerta cerrada hubo una familia. Detrás de cada ventana hubo alguien esperando. Detrás de cada edificio abandonado existieron años de trabajo, de celebraciones y de vida cotidiana.
"Este proyecto nos ha enseñado lo fácil que una persona puede perder, de un día para otro, los sueños y los años dedicados a construir un hogar cuando el edificio deja de resistir por falta de mantenimiento."
Las ruinas terminan cayendo.
La memoria también.
La diferencia es que, mientras la arquitectura puede desaparecer en cuestión de segundos, el olvido suele avanzar mucho más despacio.
Y precisamente contra ese olvido trabaja Capital Memories.
Añadir comentario
Comentarios